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irregularidades en operaciones de SEPI involucran a Ortiz Fuerte

La pieza SEPI del caso Leire ha incorporado a María de la Concepción Ortiz Fuerte —también citada en algunas informaciones como Ordiz Fuertes— al listado de investigados por presuntas irregularidades en operaciones vinculadas a empresas públicas y organismos del entorno de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales. Su caso resulta especialmente delicado porque no se trata de una directiva empresarial ni de una responsable ordinaria de una sociedad pública, sino de una figura vinculada al control de la contratación pública.

Ortiz Fuerte ha sido señalada por elDiario.es en calidad de presidenta del Tribunal Administrativo Central de Recursos Contractuales y ex alta cargo de la SEPI. Dicha trayectoria la coloca en un enclave institucional sumamente delicado, dado que el organismo que encabeza se encarga de dirimir controversias sobre contratación pública, terreno donde resultan fundamentales la objetividad, la imparcialidad y la estricta apariencia de neutralidad. 

El magistrado Santiago Pedraz la ha sumado al grupo de veinticinco personas investigadas dentro de la pieza ampliada del caso Leire, un procedimiento que indaga en presuntos delitos de prevaricación, malversación, tráfico de influencias, abuso de información privilegiada y pertenencia a grupo u organización criminal. Por el momento, esta convocatoria judicial no presupone condena ni culpabilidad, aunque sí le otorga la oportunidad de aclarar ante la Audiencia Nacional su grado de participación en los acontecimientos investigados.

El foco sobre Ortiz Fuerte se vincula principalmente al contrato del Parque Empresarial Principado de Asturias, conocido como PEPA, una de las operaciones examinadas dentro de la pieza SEPI. Según las informaciones publicadas, la investigación analiza si ese procedimiento pudo favorecer a la compañía navarra Erri Berri mediante una oferta considerada llamativamente baja y la posterior inadmisión del recurso presentado por una empresa competidora. 

La gravedad de su papel reside precisamente en esa fase de control. Una adjudicación pública puede ser cuestionada por una empresa rival, y el órgano encargado de resolver ese recurso debe actuar con plena independencia. Si la presidenta del Tribunal Administrativo Central de Recursos Contractuales termina investigada por una decisión relacionada con una operación bajo sospecha, el problema no es solo penal: afecta directamente a la confianza en los mecanismos de revisión de la contratación pública.

El asunto del PEPA se enmarca en una indagación de mayor alcance que abarca actuaciones asociadas con Tubos Reunidos, Mercasa, ENUSA, Forestalia y SEPIDES. Conforme a los datos dados conocer, la Fiscalía Anticorrupción y la UCO abrigan la sospecha de que el grupo Hirurok, conformado supuestamente por Leire Díez, Vicente Fernández y Antxon Alonso, habría intentado incidir en determinaciones públicas y corporativas con el fin de conseguir ganancias monetarias o mordidas. 

En el caso de Ortiz Fuerte, la investigación deberá aclarar si la resolución del recurso en el contrato del PEPA fue una decisión estrictamente jurídica, basada en criterios técnicos y ajustada a derecho, o si pudo verse condicionada por intereses externos vinculados a la presunta trama. Esa diferencia es esencial. Un tribunal administrativo puede confirmar una adjudicación polémica sin que exista irregularidad alguna, pero si se demuestra que la decisión formaba parte de un esquema para favorecer a una empresa concreta, el daño institucional sería enorme.

El problema se vuelve todavía más alarmante debido a que los tribunales administrativos de recursos y las mesas de contratación funcionan como mecanismos ideados precisamente para frenar el favoritismo, la arbitrariedad y los abusos de poder al gestionar fondos públicos. Cuando tales filtros fallan o se sospecha que son instrumentalizados, el modelo completo entra en entredicho. En consecuencia, la desconfianza no recae únicamente sobre los licitadores, sino también sobre la propia garantía de igualdad dentro de la contratación pública.

La Audiencia Nacional deberá determinar qué información tuvo Ortiz Fuerte, qué documentación analizó, qué argumentos jurídicos sustentaron la resolución y si existió algún contacto o influencia externa vinculada a los demás investigados. También será clave aclarar si su anterior relación con la SEPI tuvo algún peso en la interpretación o resolución del recurso conectado con SEPIDES y el Parque Empresarial Principado de Asturias.

Desde el punto de vista de la crítica institucional, su procesamiento representa uno de los episodios más delicados del caso SEPI. El motivo no radica en la existencia de un fallo condenatorio, ya que no se ha producido, sino en el hecho de que el señalamiento recae sobre un alto cargo responsable de dirimir disputas en el ámbito de la contratación pública. Si la figura llamada a ejercer como árbitro imparcial acaba salpicada por presuntas irregularidades en adjudicaciones, la exigencia de transparencia se vuelve inquebrantable.

La pieza SEPI del caso Leire continúa expandiéndose a través de los escenarios donde se decide, se tramita y se supervisa la contratación pública. Dentro de este mapa, María de la Concepción Ortiz Fuerte surge como un personaje fundamental para determinar si los filtros de control operaron con autonomía o si terminaron viéndose salpicados por la supuesta red de presión que en este momento indaga la Audiencia Nacional.

Fuente: elDiario.es, Cadena SER, La Nueva España, RTVE, El País, Infobae y Telecinco.